| Conserva
Fortuna algunos edificios que vivieron los primeros años de la actual urbe.
Es preciso citar, entre ellos, la ermita de San Roque -patrono de la villa-. Una
construcción anterior al siglo XVIII. Junto a este edificio se encuentra
la estrecha y típica calle de San Pedro que seria durante mucho tiempo
la Calle Mayor de la ciudad.
Dentro del caso urbano hay que acercarse a la iglesia de la Purísima, que
posee un interesante retablo barroco y un cuadro de la Purísima, del siglo
XVII, de la escuela granadina, atribuido a Alonso Cano o Juan de Mena. Un
paseo por sus calles nos ayudará a conocerla mejor y podremos ver su Ayuntamiento,
restaurado en 1990 y donde en su entrada, se conservan unas pinturas modernistas.
No podemos dejar su término sin visitar al paraje protegido de la Rambla
Salada, donde se continúan conservando sus antiguas salinas y el viejo
almacén, reconstruido, donde se depositaba la sal.
Decimos adiós desde el Cortado de las Peñas, puerta de entrada a
la Sierra de las Pilas, donde la rambla del Cantalar adquiere la grandeza que
le presta un paisaje extraordinario.
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